Hay deudas que no se pagan con dinero. Los tuppers que nunca regresaron y años de mesas con la comida puesta que, misteriosamente, siempre terminaban recogiendo ellas.

Es 2026. Ya trabajas, pagas la renta y tienes en el refrigerador ingredientes que compraste con buenas intenciones y que probablemente no vas a cocinar. Eres, según todos los estándares, una persona adulta. Y aun así, en cuanto cruzas la puerta de casa de tu mamá, lo primero que preguntas es qué hay de comer.

Algunas cosas cambian con los años: el trabajo, la casa, las rutinas. Pero otras no. Hay hábitos que simplemente se quedan. Llegas, te sientas y esperas a que mamá te sirva.

Por eso, el Día de las Madres es un buen momento para reconocer todo ese trabajo que mamá ha hecho durante años. Y también para asumir lo que le debemos. No hace falta reservar en un restaurante ni complicarse demasiado.

La idea es mucho más simple, y justo por eso cuesta más,: hacerse cargo de la comida por una vez. Que ella no tenga que pensar en la compra, en cocinar ni en recoger después. Una forma directa de compensar todo lo que ha hecho sin pedir nada a cambio.

Todo lo que le debemos a nuestras mamás

Hay cosas que los hijos hacemos que con el tiempo se vuelven anécdotas familiares. Historias que hoy se cuentan con risa, pero que en su momento implicaron paciencia, y mucha, por parte de mamá. Este es solo un resumen:

  • Los tuppers. Salieron de su cocina bien cerrados y organizados. Llegaron a tu casa. Nunca volvieron. Están en algún cajón, mezclados con cables que tampoco usas. Mamá lo sabe. Y aun así, te sigue prestando más.
  • El cambio de las tortillas. Ese dinero no siempre terminó donde debía. La tiendita de la esquina lo recuerda bien. También los dulces y antojos que parecían urgentes en ese momento.
  • La cartulina para el trabajo de clase. Para mañana. Sin aviso. Y mamá resolviendo todo a última hora como si fuera lo más normal del mundo.
  • La mesa que se recoge sola. O eso pensábamos. Porque siempre había alguien que lo hacía. Los platos desaparecían, la cocina volvía a estar en orden y al día siguiente todo empezaba de nuevo. No era magia. Era mamá.
  • La licuadora del Día de las Madres. Un clásico. Un regalo bien intencionado, pero poco acertado. Ella sonrió, dio las gracias y no dijo nada más.

Lo que mamá nunca apuntó en ningún lado

Mamá nunca llevó la cuenta. No anotó los tuppers, ni el dinero, ni las veces que recogió la mesa sola. Pero sí sabía a qué hora llegabas, qué te gustaba comer y cuándo necesitabas un plato caliente sin preguntas.

Tenían experiencia y práctica en ello. No en vano, según datos del INEGI, las mujeres en México destinan el 81,1% del tiempo dedicado a proveer alimentación en el hogar. Un trabajo casi nunca reconocido y que, ahora que eres adulto, es el momento de compensar de algún modo.

Ahora que ya eres adulto, toca hacer algo al respecto.

Te toca a ti

La buena noticia es que no necesitas hacer algo extraordinario. Basta con algo concreto: encargarte tú de la comida. Pensar qué preparar, conseguir los ingredientes y cocinar, aunque no seas experto.

Para hacerlo más fácil, puedes apoyarte en opciones como  Justo méxico, donde puedes resolver la compra sin complicarte y tener todo listo en casa. Así, el foco está en lo importante: cocinarle a mamá.

Los tuppers no van a volver. El cambio de las tortillas tampoco. Eso ya está perdido. Pero hay algo que sí puedes hacer hoy: que mamá llegue a la mesa y solo se siente.

Que, por una vez, alguien más haya pensado en todo. Que no tenga que cocinar, ni recoger, ni decidir.

Porque el mejor regalo no es algo que se compra. Es el tiempo que le devuelves. Y el descanso que casi nunca tiene.


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